Ojos

Me sumerjo en la laguna de tus ojos.

Tu silencio tiene el color de las algas.

En el fondo de tus pupilas habita un esqueleto.

Busco en el fondo de tus ojos un lugar donde sujetarme, donde parar mi caída, pero la nada me atrae como una luz oscura.

El descenso me hace bella, mi cabello es una medusa y pequeños caracoles se pegan a mi piel.

Pienso que la muerte puede esperar ahora que empiezo a adormecerme.

El final no tiene sonidos, Aquí en la penumbra, nadie encontrará mis dulces huesos.

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Reloj de arena

010

 

Caminar por la arena de un vientre

pisando la espuma después de la marea.

No encontrar un recodo de piel sin soledad tibia.

Saber que el tiempo pudo ser más mío y la  sombra menos sola.

 

Pero siempre es tarde y el reloj da vueltas,

dejando la  playa boca arriba,  y a sus caracoles, cayendo como lluvia roja.

Hiriéndome de muerte, ser de pasado,

que nunca olvida.

fuego fatuo

Pretendo que no existes, que te has desvanecido, como una voluta de humo que se deshace hermosamente en el aire, de la que solo queda el recuerdo.

Las formas se desvirtúan y la memoria se disipa, dejando la nada encendida, la evidencia pequeña de un calor pasado.

Solo me queda de ti el olor a lluvia, la huella vacía, el dolor en el pecho, la masa informe de las palabras atrapadas en la garganta. Me quedan las flores que le puse a tu sepulcro. Las manos extendidas para tocar tu rostro.

Me queda la certeza de que nunca me leíste, de que pasé por tu lado silenciosamente, llena de aire, en un idioma extraño y antiguo que tu alma joven no sospecha.

Fui dejando señales, en todos los caminos, palabras escondidas, círculos de luz, huesos, y mariposas muertas.  Nunca me seguiste a casa y ahora me he quedado sola, es mi última noche.

Me cantaste para adormecerme antes de la muerte.

Estuve volando demasiado cerca todo este tiempo, a punto de quemarme, en un fuego fatuo.

Cadáveres

Tengo sueños recurrentes de cadáveres que me atrapan. Anoche tuve un sueño lúcido, estaba en una casa gris, en ruinas, los muebles se desmoronaban, había desorden y dolor, formando una masa de frío y pesadez. Había un par de niños que parecían demonios y me pedían su atención a gritos, se burlaban de mi, me jalaban de los brazos. Sus pequeños rostros de retorcían. Yo tenía mucho miedo. De pronto yo tenía un cadáver sin huesos entre mis manos, lo usaba como un trapo viejo para espantarlos y rezaba padrenuestros en una suerte de exorcismo. Consciente de la atmósfera maligna intentaba despertar sin conseguirlo. Uno de los falsos despertares fue en la cama de mi madre. En el segundo, real, tenía la boca seca, como llena de arena y no podía respirar. Seguía rezando.

El final anaranjado

Doce eternidades de duelo… solo uno nace. El placer se deshiela y palidece, muere el desafío y la paz. La auténtica derrota de las almas, en la consciencia de lo que nunca puede ser. Canción y silencio. permanecer quieta sin respirar para no desvanecerme. El viento es muy fuerte aún para ponerme a caminar. Los fantasmas se abren paso y yo deshojo margaritas.

A la mitad

Ahora, a la mitad de la vida la muerte se instala en mi cabeza como una inquilina permanente que toca música y hace fiestas hasta tarde. La muerte no me deja dormir.

Cuando era niña pensaba que la vida era la sala de espera en un consultorio. Había revistas, personas, solamente esperábamos el turno de llegada y el resto eran simples pasatiempos.

Ahora, en los días más felices todo es parte de un plan de evolución, en los otros, todo es efímero y ridículo, liviano y helado, un devenir de la biología sin sentido.

Caja de pandora

El tiempo no deja de caer a pedazos como si fuera trocitos de hielo, las horas se derriten, se evaporan y no dejan la mínima huella. Los ojos escapan cuando ella lo mira , los ojos ajenos le queman sobre el cuerpo y no puede evitar esa sensación de temblor oscuro que la invade cuando una pequeña parte de su piel lo toca.

Es poco probable que el silencio sea la solución. pero es la mejor forma que encuentra para no derretirse ,  ella sabe que nada quedaría de ese choque con la realidad, sabe que el misterio es la solución para la inquietud, hay palabras que no deben ser pronunciadas. Su boca es la caja de pandora.