El misterioso centro de una rosa

Ahora desde el mundo victoriano que se cierne sobre nosotros con la pandemia, empiezo a velar cuidadosamente por mi intuición. Ahora los presagios mágicos son como la luz de una vela que me guía a través de la oscuridad.

Me guían signos como las aves, plumas y mariposas. Los pájaros amarillos que se alimentan frente a mi ventana son siempre portadores de buenas noticias y las mariposas monarca anuncian que mi viaje interior será intenso durante un tiempo más.

La luna tiene agua que anuncia lluvias inminentes y el residuo del café forma la figura de mi amado al llegar. Percibo signos con anhelo, con ganas de saciar mi sed de futuro en un presente incierto. La locura temporal me lleva a pensar que cada gota de lluvia tiene su propósito al caer en el justo lugar que cae pero al mismo tiempo desconfío e ignoro la voluntad de Dios que ha puesto azarosos e intrincados destinos cruzandose en un natural caos.

Descreo y renuncio a mi propio nombre, a cada paso de mi destino incierto. Hoy las palabras abren un hueco y afirmo, ciertamente, que todo el gran misterio se encuentra en el centro de una rosa.

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